Buenos días, niño de Tilcara (del mar a la montaña)

Esta historia sucede en muchos lugares, todos turísticos y de los que no vengo a contar ningún recorrido. Conocí a JJ el 31 de Diciembre de 2016 en Santa Teresita, pasamos juntos el verano repartidos entre Mar de Ajó, Punta Médanos, Mar del Plata, Mar Chiquita y la ciudad balnearia en la que nos conocimos, desde la primer noche del año. En marzo nos vimos en Buenos Aires y para mediados de mes nos volvimos a encontrar en San Salvador de Jujuy. Fuimos juntos a Villa Jardín de Reyes donde pasamos la mayor cantidad de días, pero también visitamos Purmamarca, Huacalera, Yala, Volcán, Humahuaca, el Hornocal y Tilcara. La última vez que lo vi fue 15 horas antes de que saliera mi avión a Lima, nunca llegamos a ir a Tandil. Él mientras escribo está en Yala, y yo ahora en Mar de Ajó, por irme a Nueva York.

Las razones que tengo para compartir esta historia son:
1) Me gustan las historias de amor y las aventuras de viajes; y esta reúne ambas.
2) Una vez leí la frase: “si un escritor se enamora de ti nunca morirás”; y me gusta aplicarla. Creo en el amor genuino que nace en los contextos donde uno se predispone a disfrutar, sin importar cuánto dure ni a dónde llegue; y bajarlo en letras hace que esa historia, dentro de su historia, dure para siempre.
3) Cuando se da bueno, sale bueno; y si se comparte es mejor. De esta historia surgió una reflexión que atesoro; él me habló de una relación sin nombre, y yo venía de plantear la situación similar a mi ex pareja: nació un texto.
4) Necesito explicar de alguna manera porqué no puedo dejar de pensar en Tilcara.

 

Tilcara, Marzo 2017

 

Hicimos mach en junio del 2016, sí, lo conocí por Tinder (una app móvil para conocer gente muy básica) y de lo primero que hablamos fue de viajes. Le conté que había dejado mi departamento hacía 6 meses, que los primeros tres los pasé viajando por la Patagonia Argentina y que después “me instalé” en la Costa Atlántica. Él me contó que había dejado Buenos Aires hace casi 20 años, que había recorrido mucho, que ahora había elegido vivir en Jujuy y que quería ayudarme en este proceso de “dejar la zona de confort”. Quedamos en vernos en agosto del año pasado porque él en julio viajaba a Europa. El encuentro se demoró hasta las 5 de la tarde del último día del año 2016.

Nos pasó coincidir desde el primer minuto, y a eso de las diez de la noche del 31 de Diciembre yo estaba pidiendo ravioles de verdura con fileto para llevar, en una parrilla de Santa Teresita, para pasar la noche de Año Nuevo con él -que conocía personalmente hacía 5 horas-, y una familia que ocupaba uno de los duplex que JJ alquilaba, a la que obvio no conocía. No es que no me invitaran con la comida, tuve que conseguir una cena vegetariana porque el menú era asado y no iba a alcanzar la ensalada para los 7 (nadie en esa familia me contaba hasta 20 minutos antes de entrar a despedir el año con ellos). Tampoco me pasaba no poder pasar las fiestas con mi familia en Buenos Aires, fue el primer año que elegí quedarme sola -bah, acompañada de mis tres perros- en la Costa para “y a ver que pasa”; y pasó todo esto…

Después del brindis y los fuegos artificiales de la playa, siguieron días de trabajo en conjunto sobre turismo dentro de la computadora, de intercambio de anécdotas, de viajes a otras ciudades de la costa, paseos por la playa, vuelos en parapente y un amplio repertorio de momentos compartidos cerca del mar. Tras finalizar la temporada él tenía que hacer una escala en Buenos Aires y viajar a Jujuy, mi agenda compartía los planes en Buenos Aires, pero el pasaje a Jujuy lo saqué de oferta y sólo por ir a verlo a él.

 

Punta Médanos, Enero 2017

Yo había estado en Jujuy en el año 2010, en un viaje express de tres semanas que hice con una amiga por el “todo el Norte” cuando dieron asueto en la facultad por la gripe porcina (una enfermedad que se expandió por Argentina, y que tenía a toda la gente loca y con barbijo); pero no me lo acordaba así, tan verde.

El día estaba espectacular y el camino desde el Aeropuerto de San Salvador hasta Villa Jardín de Reyes me gustaba tanto como el que manejaba. Llegamos hasta su hostal sobre Ruta Provincial 4, a 5 cuadras de la intersección con la Ruta Nacional 9, dejé la mochila después de saludar al socio de JJ y a Yala – la perra del hostal -, respiré hondo el aire de los valles jujeños, y entendí porqué él se había instalado ahí. Jujuy es una provincia increíble, y Villa Jardín de Reyes -igual que Yala- la antesala verde de la Quebrada de Humahuaca. 7 años después volví a transitar los xxx kilómetros de la RN9 que unen San Salvador de Jujuy con Humahuaca, pero esta vez haciendo escala en casi todos los pueblos de la quebrada y con un guía totalmente enamorado del paisaje. Conocí las serranías del Hornocal, pasé una noche increíble en un recital de Lule, y escuché un montón de gente hermosa; pero lo más importante es que me enamoré en Tilcara.

Volcán, Abril 2017

No es que me haya parecido más lindo que el resto, ni mejor, ni le veo un distintivo más especial que mi sensación ante su presencia, pero Tilcara -como JJ- tiene ese que se yo que me puede… Estábamos en la casa de unos amigos suyos que en el jardín delantero tenían la vista de la primer foto de esta entrada, y en la parte trasera daba al Pucará… Bueno, ese día yo me podría haber quedado a vivir en ese día, digo, llenar toda mi vida con días así… La vuelta por esa casa fue un 360 que me dejó en el mismo lugar siendo otra persona, y Tilcara -además de la gente- tuvo mucho que ver… ¿Te pasó alguna vez la sensación de ser una ficha de rompecabezas encajando perfecto en un entorno que no sabías que era tuyo? Si, capaz no te imaginaste siendo una ficha de rompecabezas, pero digo ¿Tuviste alguna vez la sensación de “haber llegado” cuando miraste a tu alrededor? Bueno, Tilcara me despertó eso, y las ganas de haberle dado a JJ esta nota que nunca leyó sobre lo que hablamos de las parejas:

Una pizca de biología y mucho de sociedad se conjugan para proponer una unión entre dos que claman libertad. La idea de adecuarse a una definición establecida torna lo natural en un bautismo que encaja en el diccionario… Y ya sabemos que hay que eludir al diccionario, eludirlo para ser de verdad. Crear un vínculo auténtico sin condicionamiento impone olvidarse de la carga que cada palabra impuso al imaginario, ser parte de algo nuevo nos obliga a construirlo, creyéndolo, siéndolo, haciendo que sea lo que Es… Entonces ¿Cómo unimos lo que hay que liberar?

Una vez entendida la situación de que el modelo de pareja que se ofrece en la modernidad rotula a los integrantes en personajes predefinidos con características de falso fundamento sexual y elevado nivel de estigmatización, se libera la tensión de encajar en un paradigma de efímera satisfacción y alto contenido de control. Quiero decir, las relaciones actuales tienen como premisa la conquista y la posesión (sí, como que la persona es un trofeo), y esta situación aburre en más o menos tiempo… “El deseo se agota al realizarse” dice Schopenhauer (el escritor, no mi perro), y así, el desafío cambia rápido de foco. Círculo vicioso de consumo, obsolescencia programada como patrón común del diseño contemporáneo, globalización histérica de oferta y competencia… Esta es la propuesta de la que se ha de escapar.

Elegir un copiloto para andar la ruta de la vida importa la única obligación de un presente consciente. Cada Ser tiene lo que el mundo de las palabras define como “condiciones” para brillar a dúo, todos transitamos un camino que hace de nuestras pretensiones fundamentos asequibles de palpar con los sentidos. El amor no se escribe (ni suscribe), se roza, se huele, gusta, aturde, encandila… Es sentido, no definición.

Los compañeros de viaje -los que deseen un viaje a dúo practicando el amor- han de motivarse y no deberse, las rutas son más que los destinos y las posibilidades no tienen porqué privarse, la verdad libera y viene a duplicarse… La elección importa una decisión consciente de preferencia -a diario-, que ha de respetarse siempre que tenga el mágico poder de hacer funcionar los cinco sentidos a la vez; es decir: el verdadero y único sentido. Me tenés que gustar, cada día.

La exclusividad sexual es un invento, igual que el chocolate, los adornos, y el auto. Es decir, no es necesaria ni obligatoria, ni tampoco importa amar a otro per se; pero podés elegirla, te puede gustar. La fidelidad sexual tiene que ser entendida como una “condición” que uno elige (o no) imponer de requisito para unirse afectivamente. Lo que importa es la verdad, no la forma del acuerdo.

Seamos libres de creer en nuestros antojos, dándonos la oportunidad de crear juntos. Las parejas se entienden iguales y de necesaria complementariedad -sean de guantes, zapatos,  o personas-; los cónyuges quedaron subsumidos a un contrato; los amantes no condenan la mentira; los novios están a la espera; los compañeros son de equipo -y, por ahora, todo equipo compite-; amigo es otra palabra; los conjuntos engloban…
Seamos. Seamos a secas, y en gerundio. Seamos el arte compuesto de uno potenciado por el otro, y viceversa. Seamos, juntos.

El final de la historia de amor es intrascendente, basta con decir que nuestras rutas no van para el mismo lugar, y que le deseo lo mejor. Lo importante de esta historia es que tengo ganas de que cuando sea -con, donde y cuando sea-, seamos.

Lo trascendental del viaje, es que necesito volver a Tilcara.

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