Lo mal que se vive, lo bien que se está; Carnaval de Gualeguaychú (2010)

Mi segunda ida al carnaval de Gualeguaychú (después de Lo mal que se vive, lo bien que se está 2009) fue el segundo fin de semana de febrero del 2010. La joda empezaba el finde anterior pero -y ahora no recuerdo porqué razón- no había podido ir.

Además de Pio, mi amiga con la que habíamos ido el año anterior -y quién ya era oficialmente mi mejor copiloto de ruta, aparte de mi mejor amiga-, esta vez fui con Fran y Sebak. Los cuatro habíamos sido compañeros de colegio, con Pio compartí sólo cuarto año porque ella entró recién ahí y a mi me echaron en quinto, con Fran y Sebak compartimos aula y amistad desde preescolar hasta cuarto año del secundario (lo que dejamos de compartir en cuarto año es el aula, la amistad sigue creciendo hasta hoy). Fuimos los cuatro, en mi auto, con una carpa, heladerita, anafe, ollas, cubiertos, bolsas de dormir, fideos, tucos, arroz, atún y mesita de camping ¡Mil más equipados que la ves anterior!

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Nuestros pies y los restos en Camping Morena, Gualeguaychú, Entre Ríos, Argentina – Primer fin de semana de febrero del 2010

Llegamos el viernes a la noche eufóricos, con ropa de trabajo, y al segundo de armar la carpa ya nos habíamos cambiado el atuendo y estábamos metidos en el río. El clima estaba especial en la playita del camping. Después de cenar fideos pegados con tuco tibio, fuimos en busca de la prometida fiesta callejera, y la encontramos enseguida. Las calles -y veredas- estaban repletas de borrachines con botellas de plástico cortadas fingiendo ser vasos XL, había música por todos lados, disfraces, espuma, gente bailando, papel picado, una verdadera fiesta… Nos costó muy poco aggiornarnos

A la mañana siguiente, ni bien abrí los ojos, el panorama era el de la foto de arriba, cuando abandonamos la guarida estacada nos pusimos a charlar con los vecinos de la carpa de al lado, Diego y Pacho, sobre lo mucho que sufríamos todos la cola en la proveeduría, ya que era el único lugar con bebida potable sin graduación alcohólica en, por lo menos, tres cuadras a la redonda. Tras una deliberación innecesariamente larga, salimos los seis a buscar algo para no morir al almacén que quedaba tras esas benditas tres cuadras.

Para las dos de la tarde estábamos todos enteros, nos había abandonado la resaca y ya habíamos empezado a trabajar para volver a verla la mañana siguiente. La costa de Morena estaba estallada.

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Camping Morena, Gualeguaychú, Entre Ríos, Argentina – Primer fin de semana de febrero 2010

En la playa, a unos 70 metros de la zona de carpas, nos encontramos de casualidad con Tincho, Choco, Nico y Charly -ellos también estaban acampando. A los cuatro -Pio y yo- los habíamos conocido hacía tres meses, en Villa General Belgrano, Córdoba, durante el Oktoberfest -y en una situación bastante bizarra que cuento en ese post- . Ahora, éramos una banda de diez, para el día, y para la noche. Noche que repetía la misma secuencia de la noche anterior y del día, y de cada rato que estás en Gualeguaychú durante el Carnaval.

El domingo, a eso de las 20:00 horas emprendimos todos la vuelta para Buenos Aires, se habían terminado dos días increíbles; y los diez prometimos vernos el próximo fin de semana festejando la vida en el mismo lugar.

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Charly, Sebak, Choco, Nico, Pacho, Diego, Pío, yo, Tincho y Fran en Gualeguaychú, Entre Ríos, Argentina – Primer fin de semana de febrero de 2010

La semana pasaba rápido, estudio jurídico de 7 a 14, facultad de 15 a 21 y salir lo más posible ¡Llegó el viernes! Y desde ayer mi baúl estaba cargado con 3 botellas de fernet, un ron, dos vodkas, jugos, infinitas salchichas e infinitos panes de panchos. Infinitos no, pero eran como cuatro por cabeza, para cuatro personas, por cuatro comidas… 64 salchichas, y el doble de panes, y seguro que habíamos comprado de más. La idea era alimentarnos rápido y sin ensuciar. Siete años después mientras edito este texto -y soy vegetariana- me doy cuenta que la idea también era alimentarnos para el orto…

Habíamos quedado en que los mismo cuatro salíamos a las tres de la tarde para Gualeguaychú, pero los representantes del sexo masculino tuvieron un episodio de estupidez mental -sí, me dura el enojo, porque no se cuelga a la gente antes de un viaje- y a las once de la mañana de ese viernes nos avisan que no iban a ir. Pio y yo salimos a las tres de la tarde igual, y sumamos a Anto al equipo. Ella también había sido compañera mía del colegio, igual que Fran y Sebak, desde los cinco años.

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Pepi, Pacho, Tincho, yo, Pío, Nico, Adri, Gusti, Anto, Diego y la chica de Adri en Camping Morena, Gualeguaychú, Entre Ríos, Argentina – Segundo fin de semana de Febrero 2010

Tres de las cuatro bolsas de dormir que cuelgan en la foto de arriba son nuestras. En más de cuarenta noches que dormí en carpa, sólo dos me llovió muy fuerte, las dos estuve con Anto, y fueron las únicas dos veces que ella durmió en carpa. Una fue la anterior a la foto, el día que llegamos. La tipa es así, le gustan los retos difíciles. Tal vez por eso mi hermana no de sangre. Me acuerdo que la muy copada, esa noche de lluvia me ahogó el celular en una “ducha popular” adentro del vestuario en la que varios nos sacábamos el frío con las gotas calentita que caía de las duchas, y borraban las de la lluvia. El día de la foto – me acuerdo- cayó en un pozo, porque todos las canaletas del camping estaban tan cubiertas de agua como el suelo y ella andaba en busca de una ojota que se había llevado la corriente -y jamás encontró. Creo que tengo que escribir un posteo entero de “las anécdotas de Anto en los camping”…

En lo que respecta a Gualeguaychú, el ánimo era el de siempre y yo cada día estaba más contenta de estar en ese lugar… En la foto de abajo se ve lo poco que me alteraban las circunstancias adversas del ambiente… Sonrisa dibujada.

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Culos en playa del Camping Morena, Gualeguaychú, Entre Ríos, Argentina – Segundo fin de semana de febrero 2010

A la noche seguía la espuma, y las risas, y las cosas que no entendías, y la música, y la fiesta, y el descontrol, y las risas, y los disfraces, y el alcohol, y el río, y el delirio, y los silbatos, y las risas…

Mi recuerdo de los Carnavales de Gualeguaychú, durante seis fines de semana distribuidos en tres años, son a pura risa. Del corsódromo ni hablemos, la vida de camping y la movida nocturna al ladito del río era todo lo que andaba necesitando…

El domingo, otra vez, llegar de madrugada a mi casa, para dormir 2 horas y llegar el lunes 7:30 de la mañana a tribunales.

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Anto, Pio y yo en Gualeguaychú, Entre Ríos, Argentina – Segundo fin de semana de febrero 2010

Otra vez, la semana, y yo sólo quería que pase para volver a ir, dos fines de semana consecutivos no me habían bastado. Esta vuelta, Pio no podía, Anto tampoco, a mis amigos que me habían colgado el fin de semana pasado volví a ofrecerles de ir, pero tampoco podían. Yo estaba dispuesta a ir igual, y tenía el auto a mi disposición, así que hablé con Pacho y Diego que también iban, y aunque los conocía hace sólo dos fines de semana por ese entonces, me parecían lo suficientemente confiables como para pasarlos a buscar y salir para Gualeguaychú con ellos. Salimos el viernes y fuimos también con Seba, el hermano de Pacho que yo hasta ese momento no conocía.

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Diego, Charly, yo, Nico y Seba, Camping Morena, Gualeguaychú, Entre Ríos, Argentina – Tercer fin de semana de febrero de 2010

La pasé increíble, me sentí super cómoda e igual de feliz que los anteriores tres fines de semana.

La secuencia no hace falta que la relate, porque es repetida. Fiesta de día y de noche, siempre en ojotas, la música nunca para y el alcohol tampoco. No es la típica vida de camping para apreciar la naturaleza, ni el típico destino europeo donde uno se imagina LA fiesta; es Gualeguaychú: un paréntesis de 4 fines de semana donde todo está bien.