Mi 11 de Septiembre en Nueva York (y el encuentro con 2 lecciones importantes)

Amanecer un 11 de septiembre en Nueva York, cumpliéndose 16 años de la caída de las Torres Gemelas, era uno de los planes en mi itinerario de viaje. La fecha en la que elegí visitar la ciudad dejaba en medio el 9.11, y recién la noche previa tomé conciencia de la conciencia que quería adquirir estando ese día allá.
Me fui a dormir con la sensación de que, al despertar, vería una ciudad completamente distinta a la de los días previos, imaginaba caras tristes, banderas a media asta, homenajes, y demás situaciones conmemorativas de lo que fue el atentado más terrible que sufrió Estados Unidos.

Para mi sorpresa, y hasta la tarde, sólo vi varias banderas a media asta y decenas de helicópteros reboloteando por toda la ciudad (los que daban más miedo que angustia). Pero no había caras tristes, ni una sensación distanta a la de los otros días, ni nada más que el zumbido de los helicópteros para hacerte acordar que era un día especial ¿O es que ya no es un día especial?
Sabía -porque lo había googleado antes de viajar- que a las 19:00 horas iba a haber un acto en la zona del World Trade Center.
Llegué 2 horas antes porque me imaginé que iba a ser un gran tumulto de gente, había leído que los familiares se acercan con velas, y que se hace un acto en honor a las víctimas muy emotivo. Y si bien no estaba segura de querer enfrentarme a tanta tristeza, sabía que era un día que como escritora de un blog de viajes no me podía perder.

También usando de base mi imaginario que estaba convencido de que ese día “iba a estar todo el mundo ahí”, había tenido la precaución de visitar la zona 2 días antes para sacar buenas fotos, visitar el museo y agregarlo en el itinerario de un día de viaje. El panorama, cuando llegué, no era muy distinto al del otro día, sólo había flores y más banderas que de costumbre, pero mi previsión no había sido tan acertada. Tengo casi las mismas fotos de ambos días, y lejos de estar en un ambiente de tristeza o nostalgia, se sentía una especie de conmemoración para los policías y bomberos.

No vi gente con velas, ni me pareció un acto emocionante. A las 19 horas, un jefe de policía da un breve discurso, al rato suena la orquesta compuesta por el mismo cuerpo de policías, palabras para los bomberos, el himno, y aplausos. Capaz es porque soy latina, pero esperaba más sentimiento… No sé, lo sentí frío, poco reflexivo y protocolar. ¿Te aconsejo ir si estás un 9.11 en NYC? Sí, obvio, viví tu propia experiencia.

¿Y el tribute light? Había leído también que se prenden dos luces desde el WTC apuntando hacia el cielo para simular que son las torres. Bueno, lo ví, pero no salían del WTC y me dio la sensación de estar inclinada y no apuntando hacia el cielo.

Te comparto el video de abajo para mostrarte lo que digo, lo filmé subida a un camión de bomberos que estaba en la calle y es de la parte final del acto.

¿Porqué fue tan distinta la realidad a lo que yo, desde tan lejos, guardaba en el imaginario del 9.11? ¿Porqué las familias que acompañaban el acto eran las de los cuerpos de seguridad y no también los familiares de las victimas?

No tengo respuesta para ninguna, sólo vi que esperaba una congoja que no estaba, y me convenció aún más de no creer las versiones oficiales.

¿Qué saco el limpio para este posteo, inmerso en un blog de viajes? 2 cosas:

1) Hay que ir, a todo, y a todos lados. Si no hubiese estado ese día ahí, todavía pensaría que el nacionalismo ciego es de una población, y no sólo de un grupo de personas. Además, no todos los días se tiene la oportunidad de vivir en primera persona las exposiciones públicas de un país como Estados Unidos…

2) Conocí a un sobreviviente al atentado muy especial: el árbol que no se dejó quebrar. El árbol, un peral de flor o peral de Callery, sobrevivió a pesar de recibir el impacto del ataque en lo que se convirtió en la Zona Cero y fue rescatado; con el cuidado de arbolistas de la ciudad de Nueva York, lograron resucitarlo.

Un resumen de la historia: El árbol fue trasladado a un vivero de Brooklyn para su cuidado. En la siguiente primavera floreció creciéndole nuevas ramas. En marzo de 2010, una fuerte tormenta, arranco el árbol de cuajo. Haciendo honor a su nombre resistió y se recuperó. En diciembre de 2010, fue trasladado hasta su ubicación actual, en el Memorial del World Trade Center.
El resto de árboles del memorial que lo acompañan son robles blancos de California. Fueron seleccionados en viveros de Washington y Pennsylvania, lugares donde también se estrellaron aviones el 9.11.

Te comparto esta historia del árbol porque me encantó, y porque ver la vida tan arraigada entre tanta destrucción, es un símbolo de paz que me parece lindo difundir.

Si quedaste encantad@, como yo, con la mini historia de este superviviente, hacé clic en “El árbol que no se dejó quebrar” y leé la historia completa.

Para ver todas las entradas en Nueva York, hace clic acá.

Si tenés alguna duda, querés compartir tu experiencia o te gustaría que te ayude a planificar tu viaje, escribime en los comentarios o mandame un mail a leerdelviaje@gmail.com

Deja un comentario