Dos noches en el Correntoso, la primer parada en la ruta de Siete Lagos

Todo – menos la arena- era perfecto. El agua potable, cálida y cristalina, las montañas esponjosas decorando los contornos, un cielo celeste díafano, un clima inmejorable, Schopenhauer -mi perro- de compañero, y mi carpa… Todo estaba en su lugar, o en el que yo lo hubiera puesto…

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Mi carpa y fogón de piedras, en Camping Mapuche sobre el Lago Correntoso (el primero de los siete lagos viniendo del sur y el más cálido), Villa La Angostura, Provincia de Neuquén, Argentina – Enero de 2016

El Correntoso es un lago que se encuentra dentro del Parque Nacional Nahuel Huapi, en la ciudad de Villa La Angostura, en la provincia del Neuquén. Se entra por la Ruta Nacional 40 y tiene al Cerro Belvedere a un costado. El agua de este lago proviene del lago Espejo, que mediante el río Ruca Malén, van al lago Nahuel Huapi. Y como es el más cerca de La Angostura (además del más cálido e increíblemente hermoso), muchos de los que viven ahí aprovechan para ir a pasar el día.

Levantarme en este paraíso era algo que no pensé conseguir a $100 por noche. Es cierto que no contar con agua caliente en la ducha no es el mejor plan, pero el cielo estrellado que te regala este lugar supera la vista que tuve en el desayuno … Me gustaría poner una foto mostrando lo que vi anoche, pero sólo me acompaña un celular para inmortalizar lo que veo y, aunque tiene buena cámara, no salen las estrellas. Si lo describo, es como estar en una habitación completamente oscura y sin aberturas, con pequeños leds cubriendo todo el techo y un fogón a un lado. No ves más. Realmente -en una noche sin luna como la que disfruté- no ves absolutamente nada, y sentís de todo. Vale aclarar, que estaba sólo mi carpa en todo el camping, que en realidad no era un camping, sino una playa con una garita a 300 metros, en la puerta del estacionamiento, con un señor -según él de descendencia mapuche- que te pedía los $100 para dejarte poner tu carpa ahí al lado del lago….

Durante el día hay mucha gente, tanta que parece una playa como cualquiera de la costa bonaerense, bueno, no, no se parece a la costa, pero la cantidad de gente que hay es como la que ves en enero en la playa a 400km de Buenos Aires. Se empieza a llenar desde las 10 de la mañana y así se mantiene hasta las 18 horas; lo que me pareció buenísimo el primer día porque usé ese rato para conocer la ciudad y volví a mi parcelita de paraíso cuando ya no había nadie, con el vicio turístico saciado.

Les comparto una foto de lo que veía mientras desayunaba pan con gatorade cool blue, la segunda mañana, desde el fogón de piedra:

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Camping Mapuche sobre el Lago Correntoso a las 8 de la mañana, Villa La Angostura, Provincia de Neuquén, Argentina – Enero de 2016

Al rato de desayunar la segunda mañana decidí partir, para nada porque me hubiese cansado el paisaje, es que no toleraba más la arena barrosa tan particular de ese lugar, de las rodillas para abajo estaba siempre sucia, y obvio que Schopen se había encargado de distribuir media playa adentro de toda la carpa -y bolsa de dormir-; tener que huir 8 horas del caos de gente tampoco me copaba tanto ya habiendo recorrido La Angostura. Reflexioné un poco y llegué a la conclusión de que necesitábamos estacar en algún lugar con pasto, y menos tumultuoso. Junté las cosas, me di un último baño en ese lago que me acurrucó toda la noche y me fui.

El próximo destino en agenda era San Martín de los Andes, pero antes de salir leí en Uno, un libro -que me prestó Cami- de mi amado Richard Bach, una frase que decía “Generamos nuestro propio medio, (…) ¿Cómo resentirnos contra la vida que nosotros mismos nos hemos creado? ¿A quién culpar, a quién elogiar, sino a nosotros mismos? ¿Quién puede cambiar la voluntad , salvo nosotros?” Me acuerdo porque me dejó pensando un rato largo, me desafió y la transcribí.

Camino hacia donde iba, apabullada de belleza por la Ruta de los Siete Lagos, decidí tomar un desvío de la Ruta Nacional 40, e ir primero a Villa Traful, quería encontrar una aventura y me pareció que desviarme del plan era justo estar haciendo eso. No me equivoqué.

En el post “Intercambio de besos y libros en Villa Traful” les cuento porqué.

 

 

 

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